COLONIA CAROYA

A 48 kilómetros de Córdoba Capital, Colonia Caroya es la combinación de tradiciones friulanas, el legado jesuita y la perfecta combinación de sabores únicos: platos típicos y vitivinicultura cordobesa.

En cada rincón de esta ciudad con alma de pueblo resuena la frase: “encuentro de culturas”. Antigua tierra de sanavirones y comechingones, morada de conquistadores españoles, padres jesuitas, esclavos negros, criollos e inmigrantes italianos, cada uno de esos legados se ha fusionado dando lugar a un territorio con personalidad fuerte, ecléctica y única.

Naturaleza

Colonia Caroya se caracteriza por ser una ciudad de perfil urbano-rural con múltiples riquezas paisajísticas por descubrir y disfrutar a la cual se puede acceder por RN 9 norte, RP A74 y RP E53 Y E66. Ideal para caminatas y recorridos en bici, la Avenida San Martín invita a un recorrido de entre 3 y 13 km, y así como cada hora de día tiene particularidades que hacen apreciarla y disfrutarla de diferentes maneras, cada estación del año tiene un encanto diferente para conocerla y recorrerla.

A su vez, se puede conocer la zona rural y su perfil productivo que tiene que ver con la frutihorticultura, siendo característica la producción de duraznos, higo y vid. En su recorrido, además, se puede ver como es el sistema de riego a través de acequias, introducido por los friulanos y que aún en la actualidad se utiliza. ¿El plus? Se pueden encontrar casonas típicas de diferentes épocas que le otorgan un distintivo al paisaje.

Un clásico. La Avenida San Martín es un clásico, rodeada de plátanos de más de 100 años.
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Un clásico. La Avenida San Martín es un clásico, rodeada de plátanos de más de 100 años.
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Cultura

Asentada sobre tierras denominadas originariamente Caroya o Caroyapa que antiguamente pertenecían a los sanavirones y luego adquiridas por la Compañía de Jesús; en 1616 comenzó a constituirse como Estancia y recibió en 1878 a 60 familias de inmigrantes friulanos, del norte de Italia, que tomaron posesión de sus tierras, haciéndolas prósperas.

Para comenzar a conocer la historia de Colonia Caroya, merece una visita la Estancia Jesuítica Caroya, primer núcleo productivo de la Compañía de Jesús en Córdoba, data de 1616, fue también el lugar en el cual entre 1814 y 1816 funcionara la primera fábrica de armas blancas del país.

Otro de los sitios emblemáticos es el museo Casa Copetti, una vivienda rural con características de la arquitectura popular italiana. Construida en 1894 por Flia. Copetti oriundos de Gemona, Region del Friulli, Italia. Aquí se puede revivir la cotidianeidad de las familias caroyenses en tiempos pasados.

Se suma la Parroquia Nuestra Señora de Monserrat. Construida entre 1888 y 1896, dedicada a esta Virgen la cual liberó a los primeros colonos caroyenses de la peste del cólera. Sin embargo, son múltiples los templos, capillas rurales y oratorios familiares que se pueden visitar ya que la fé es algo característico del pueblo caroyense.

La Estancia Caroya se trata del primer establecimiento rural organizado por la Compañía de Jesús en 1616.
Estancia Jesuítica Caroya
Estancia Jesuítica Caroya
Estancia Jesuítica Caroya
Estancia Jesuítica Caroya
Estancia Jesuítica Caroya
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Museo Casa Copetti
Museo Casa Copetti
Museo Casa Copetti
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Acequia en zona rural

Capilla Puesto Viejo

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Av. San Martín

Aljibe en Estancia Caroya

Gastronomía

La producción de Vinos en nuestro país comenzó en Córdoba, Las primeras cepas las trajeron los españoles desde Perú y se implantaron en distintos lugares del territorio. Fue en la Estancia Caroya y San Isidro de Jesús María de la mano de los Jesuitas donde se comenzaron a ver los resultados.

Cuando los inmigrantes friulanos y Venetos llegan a estas tierras, traían sarmientos de vid para implantarlos y así es que se continuó produciendo y desarrollándose la vitivinicultura en este rincón de Córdoba.

Hoy Colonia Caroya y sus bodegas forman parte de los Caminos del Vino Córdoba, cada una con sus características distintivas ofrecen al visitante recorridos y degustaciones. Por su excelencia, los vinos caroyenses en su mayoría han sido premiados en reiteradas oportunidades y son ahora las nuevas generaciones quienes continúan y revalorizan la industria vitivinícola caroyense.

Por su parte, la gastronomía caroyense posee platos que son fiel testimonio de la historia, saberes ancestrales enriquecidos por las bondades del suelo que conjugan lo tradicional heredado de los inmigrantes italianos con la impronta caroyense. Así, los chacinados son una marca distintiva, por su sabor y calidad, pero más allá de eso por el bagaje cultural, al igual que las pastas, dulces y conservas.

La gastronomía caroyense combina excelentes vinos, en sus bodegas y viñedos, con sabrosos menús típicos, en sus restaurantes y comedores regionales.
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